Bajaron de su carruaje a las 8:10 de la noche. Sonrientes, Arturo Zablah y Rodrigo Ávila caminaron uno junto al otro unos 25 metros por la calle, escoltados por unos ruidosos simpatizantes que les hacían valla. Nadie les lanzaba arroz, pero sí les caía una lluvia de flashazos mientras sonreían, extáticos. No iban rumbo al altar. O, al menos, no en ese momento. En este caso, primero se perdieron de la vista pública en una habitación del palacio arenero y después -35 minutos después-, pasaron al altar.
A las 8:45, la sala de prensa se fue sobrepoblando con el ingreso de los directores departamentales de Arena. Eran el preludio de la llegada de la pareja presidencial. Primero entró Ávila y luego Zablah, y se instalaron ante un mueble que hizo las veces de altar. Ávila hizo una breve presentación-explicación de por qué escogió a Zablah. “El discurso (de cambio) debe traducirse en acciones concretas”. Luego dijo que su elegido ha sido un crítico constructivo y por eso lo había invitado, en el entendido de que representará a organizaciones ciudadanas, a las que no identificó.
“Agradezco por la oportunidad que se me da de poder ayudar a El Salvador”, fueron las primeras palabras del empresario ante la multitud de cámaras y ojos que lo auscultaban preferencialmente a él. En ese momento, ya lucía en la solapa izquierda de su traje un botón del partido Arena, similar al que tenía prendido Ávila. Un prendedor que no llevaba antes de ingresar a la habitación arenera donde se habían perdido de la vista pública 35 minutos atrás. El botón parecía probar que el enlace ya estaba consumado.
Zablah se adelantó a cualquier pregunta y aludió a su posición crítica respecto de la gestión de los gobiernos de Arena, especialmente en referencia a los últimos dos. “He sido, soy y sostengo mis críticas, pero lo he hecho constructivamente”, comentó. Luego oyó a un periodista preguntarle qué lo hizo aceptar la propuesta de correr por la vicepresidencia. Fue entonces cuando anunció algunas de las reivindicaciones que a modo de condiciones presentó a Ávila y compañía desde cuando comenzaron a negociar una posible candidatura, en una fecha que nadie quiso precisar.
Pero el candidato a vicepresidente, con Ávila a su lado, aclaró que no se trató de negociar nada. “Eso de negociar no ha sido así: hemos tenido acercamientos”, dijo. Y enumeró algunos de los compromisos -que tampoco quiso que se le llamen compromisos, sino “plenas coincidencias”- que facilitaron la integración del dúo. “Detener la concesión de los puertos de Acajutla y Cutuco”, señaló, en referencia al proyecto gubernamental de que una empresa administre las dos terminales marítimas, iniciativa que ya sufrió un revés legislativo cuando hace tres meses el PCN se negó a apoyar, aduciendo que el gobierno entregaba todo y no sacaba todo el beneficio que podía obtener de dar la administración de los dos puertos.
La presidencia de la República retiró el proyecto del parlamento y comenzó a trabajar otro. Zablah, no obstante, dio a entender que aún debe hacérsele ajustes. “Hay que revisar la concesión de los puertos”. Pero esa fue solo una de las condiciones que le aceptó el candidato presidencial y presidente de Arena. “Entre las coincidencias están la necesidad de hacer aumentos salariales, especialmente el salario mínimo, un ajuste a las pensiones y buscar una reducción importante al precio de las medicinas”.
Ni Zablah ni Ávila hablaron de montos ni de plazos ni de mecanismos. Una hora después de iniciar la rueda de prensa se retiraron, sonrientes, y posaron para la multitud que los esperaba afuera de la sede arenera.
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