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| El aislamiento de Torola ha pesado en el nivel de vida de sus pobladores. Una sola calle conecta al municipio, una calle en pésimas condiciones y que obliga a atravesar una decena de otros municipios antes de llegar a la cabecera departamental, San Francisco Gotera. |
Torola tiene un sastre convertido en político que busca su tercer período como alcalde. Su contrincante, un ganadero de 29 años que vivió ilegalmente en Nueva York los últimos tres de ellos y donde se ganó la vida destapando almejas por 30 dólares la hora. Ahí, sobre la calle que baja desde San Fernando, los lugareños tienen un mini estadio de lujo con gradas y grama siempre verde, una inversión social hecha por el alcalde y que no es mal vista por nadie. El nadie incluye a los grandes rivales de esta contienda, a efemelenistas y areneros, por igual, y al 88.5% de las familias del municipio que viven debajo de la línea de pobreza y para quienes el comer frijoles puede ser un lujo si la cosecha no da abasto, donde la recolección y la caza siguen siendo una forma de susbsitencia.
El alcalde Héctor Ventura Rodríguez resume sus seis años de gestión con una comparación: “Antes no habían proyectos de gran impacto en el municipio”. A nivel de percepción popular, la cancha impactó más de lo que han hecho los programas de becas estudiantiles en el interior y el exterior, a Cuba y a España; o la donación de insumos agrícolas a pequeños productores. Tanto impactó que su contrincante a la silla edilicia, y a la sazón su sobrino, da un visto bueno al escenario deportivo: “A mi me gusta el fútbol… Yo hubiera hecho lo mismo porque es de beneficio para la gente… Lo único que molesta es el nombre que le pusieron”. “Estadio Municipal Héctor Ventura Rodríguez”, reza en letras blancas sobre un muro pitando de rojo. “Si no fuera por el nombre”, sostiene.
¿No se podría haber hecho otro tipo de proyecto en un municipio que tiene un 68.2% en pobreza extrema? “Sí”, responden ambos candidatos y, como si estuvieran de acuerdo a pesar de sus banderas políticas, repiten: “Pero aquí el dinero no alcanza para más”. ¿Pero alcanzó para un mini estadio?, remato. Los dos contestan con evasivas y promesas de más cambios cuando lleguen a ganar.
Hijo de ganadero o sastre, por igual, ambos candidatos ven un Torola diferente si ellos llegan a ganar las elecciones. Si no es así, el municipio no alcanzará un “verdadero” desarrollo. “Un Torola diferente” es, según quien de ellos lo mire, un municipio autosostenible agrícolamente, en el caso del FMLN; o un pueblo con mejores oportunidades económicas y comerciales, del lado de Arena. ¿Cómo lo lograrán? “Trabajando con la gente, es la única manera”, dicen.
Sin grandes entradas económicas, Torola depende de su gente. Y su gente, de la cosecha de maíz y maicillo. Se trata de cosechas de subsistencia que resume la situación en dos axiomas claros: el primero, “si no hay cosecha, hay hambre”; el segundo, “la abundancia durará hasta que dure la cosecha”. Una vez saciada el hambre, el excedente de la cosecha se convierte en dinero para hacer compras extras de “conqué” –fríjol y arroz, en la mayoría de las veces-, como lo es el bono de la Red Solidaria.
En ese sentido, lo que puede hacer la comuna es muy limitado. Según Ventura, los ingresos mensuales que la comuna percibe se limitan a uno 400 dólares de tasas y servicios prestados a la población, además de otros 1 mil 200 dólares que se cobran cada mes por las tres antenas de telefonía celular que hay en el pueblo. A ello suman 22 mil 400 dólares provenientes del FODES. ¿Alcanza para sacar adelante al municipio? En boca de ambos candidatos, no. “Hay que aprovechar lo que el esfuerzo de la gente”, asegura Díaz. “Esta gente es aguerrida, lo demostraron antes y ahora está ayudando a sacar adelante el pueblo”, sostiene Ventura.
Don Antonio Ángel nació en Torola hace 50 años y ve las cosas con una claridad que parece no tener los candidatos a la comuna. “Los partidos políticos educan con individualismo… y con odio”, dice. Antonio Ángel es un hombre de derecha, con las manos llenas de los viejos callos que regala el “cumear” (sic) todo el día y una sabiduría popular a flor de labio que le permite ver las cosas con sencillez. “Los de un lado y los del otro son individualistas y hablan con odio… ¿Serán cosas de los líderes que tenemos?... Y nosotros seguimos jodidos mientras ellos hacen lo que quieren”. Los jodidos, de un lado y del otro, son la gran mayoría de los habitantes de su caserío El Limón, de su cantón Tijeretas y de su pueblo Torola, al norte de Morazán.
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| La propaganda partidaria pintada altera la arquitectura del pueblo. Una columna de madera con colores de Arena y una cantarera al lado de la iglesia con colores del FMLN. |
“La gente, el trabajo de la gente”, repiten los candidatos. Antonio Ángel sabe lo que es el “trabajo” y del “duro”, pero le preocupa cómo se manejan las cosas en el pueblo. Según cómo lo ha visto en los últimos meses, “si uno no pertenece al partido, pues no le dan trabajo en los proyectos que se hacen… Y miré que de ahí es de dónde se puede sacar algo de plata cuando no hay cosecha”.
Incluso, más de un proyecto está en espera a que pasen las elecciones, como la introducción de agua potable en su caserío, donde la comuna está dividida por las elecciones y “el tema está parado”. ¿De quién es la culpa? Para los de derecha, del Alcalde, quien disolvió el trabajo que ya se estaba haciendo para venderlo como un proyecto de la comuna. Para los de la izquierda, de los areneros que se han negado a que las tuberías pasen por sus propiedades. “Ya lo vamos a resolver, el proyecto va”, aseguran desde la izquierda. “Cuando ganemos, no va a haber problema con el agua”, sostienen los areneros.
Antonio Ángel vuelve a dar un poco de claridad al asunto: “Eso se va a hacer cuando se dejen de individualismos, cuando vean que el proyecto es para la comunidad y no para los partidos”. Mientras tanto, él y su familia –su esposa y tres hijas-, como lo hacen los otros 150 habitantes del caserío, seguirán acarreando agua de la quebrada cercana, el Barahua, para los quehaceres de la casa.
Las dos “Torolas”
¿Quién ganará la alcaldía en Torola? “La derecha…”, dice Antonio Ángel con un impulso natural, hace una pausa y continúa: “… O la izquierda. Es que mire, como en la guerra, sigue jodida la gente de un lado y del otro”. El Torola que él conoció Antonio Ángel de niño era otro pueblo. El municipio tenía 33 caseríos en la zona rural, donde se concentraba el 87% de los casi 6 mil habitantes que tenía el municipio, y la gente se dedicaba a la milpa, a la corta de árboles maderables, a trabajar en las haciendas ganaderas o en el cultivo de henequén, el gran motor económico de la zona. Eran tiempos de bonanza, según la gente mayor del pueblo. ¿No había pobreza? “Sí, esa siempre ha estado. No le digo que seguimos jodidos, pues”, remata Antonio Ángel.
La guerra lo cambió todo en todo el norte de Morazán y en Torola. Los 33 caseríos que componían el municipio se fueron quedando vacíos cuando el conflicto armado tomó forma. El casco urbano, un entramado de calles de apenas 0.18 Km2 con casas de bahareque, una iglesia y una plaza central, fue destruido en los combates; la población que no emigró para San Miguel o San Salvador, a 230 kilómetros de distancia, terminó en campos de refugiados en Honduras. Los que se quedaron, “los bravos que le hicieron huevos”, vivieron un conflicto intermitente, cada vez que el ejército se adentraba en la zona, y como el pueblo quedó destruido.
¿Algo cambiará con esta elección municipal? Los aspirantes responden con promesas. Don Antonio Ángel, es más claro: “Creo que seguiremos jodidos… Jodidos de un lado y por el otro, como estamos ahora, porque aquí hay que cambiar muchas cosas que dejó la guerra”. Ese cambio significa dejar atrás los odios y el individualismo que dejaron 12 años de conflicto y otros 15 años de una reconciliación a medias.
Las palabras de Antonio Ángel hablan de un Torola dividido en dos, una división que se acentúa con las elecciones. “Cuando empiezan estos volados (las elecciones), como que los líderes vuelven a hablar de odio y de individualismo… Como que si no son ellos, nadie pues… Y la gente va con uno o con el otro, así no se puede”, remata. Una rápida mirada por El Limón, un caserío con 150 habitantes, sin agua potable ni electrificación, es más que un ejemplo. Banderas y carteles de ambos partidos adornan las fachadas de las casas de bahareque y ranchos a los que se llega por una calle rural que parece más una quebrada de invierno con una inclinación de casi 50 grados. Y las banderas y camisetas de ambos lados se ven casi partes iguales, como las estadísticas de la última elección, y ambos lados siguen teniendo en común una cosa: la pobreza.
María Ruiz Hernández sonríe y muestra dos dientes frontales solitarios en la arcada superior de su boca. Su ranchito en el caserío El Limón está hecho de ramas y techo de lámina por donde escapa una bocanada constante de humo blanco. El único adorno es una bandera roja del FMLN en la ramada que hace de puerta. “Se merece un cambio ya” en el gobierno, asegura. ¿Y para alcaldes? “Este… Él que tenemos ahorita está con el Frente… Es bueno pero como no se sabe (qué pasará) porque todavía no ha sido la elección y alguito (sic) de gente va con el de Arena.
Ese “alguito” de doña María representa a los 467 personas que votaron por Antonio Saca en las presidenciales de 2004; y lo 498 que lo hicieron en las municipales de 2006 cuando el padrón alcanzaba los 1 mil 512 electores. Ese “alguito” es el grupo de gente que vio con enojo como las calles del pueblo se transformaron en un museo de nombres de líderes del FMLN – Shafick Jorge Handal, Ángel Rubén Benítez Andrade o Luz Estrella Rodríguez- y de históricos izquierdistas de América Latina, como Ernesto Che Guevara y el presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías. “Eso molestó a más de la mitad del pueblo”, dice Nehemías.
Según los datos de las últimas elecciones, ser de derecha en Torola no es raro. Tras la guerra, Arena controló la alcaldía municipal por dos períodos, entre 1994 y 2000. Eran los tiempos en que don Pablo Ortiz sólo necesitó menos de 225 votos para ganar ambas elecciones, el mismo arenero de hueso duro que decía que se cambiaría el nombre si el FMLN llegaba a gobernar en el pueblo algún día. El Frente ganó en 2000, de la mano de Bernabé Argueta Díaz; y repitió en 2003 y 2006, la última vez por apenas 13 votos. Igual, Ortiz nunca se cambió el nombre y murió esperando que el pueblo volviera a ser territorio de la derecha, como siempre lo había sido, dicen los areneros del pueblo.
Esos números cerrados dejan un municipio que ya no está en guerra, pero que siguen dividiéndolo en dos bandos. En la entrada al pueblo, Patricia Ortiz Acosta lo dice sin inmutarse. “Aquí se sabe quién va con quién… Yo soy del Frente, como muchos… como el alcalde”, sostiene. “Otros, van con el cipote ese de Arena”.
Las palabras de doña Patricia quedan claras cuando la calle de tierra que baja desde San Fernando se transforma en un adoquinado irregular y se dibujan las primeras casas del barrio Candelaria. Ahí está el estadio municipal Héctor Ventura, el mismo donde esta una pinta a favor de Mauricio Funes –“Presidente 2009”- a un lado de la típica esfinge de Ché Guevara sacada de la fotografía de Alberto Korda. En frente, un vecino reta al mítico guerrillero argentino con una bandera azul, blanco y rojo.
Medio kilómetro sobre la calle, todos los postes de energía eléctrica y telefonía están teñidos de una pintura roja de agua que se ha convertido en rosada por el clima y la lluvia. El cartel de bienvenida al pueblo recibe a los visitantes con una leyenda pintado a mano: “Torola territorio libre y rojo”. Así, cualquiera podría pensar que quien manda en el pueblo es el FMLN, por lo menos sobre todo aquello que tenga el título de “bien municipal”, pero los de Arena no se dejan. Sus casas están bien identificadas con banderas tricolores en los muros de las paredes u ondean en lo alto de estacas de bambú, un recuerdo de cuando llegó el candidato Rodrigo Ávila, el 13 de noviembre pasado. En los cantones y caseríos las cosas no son muy diferentes.
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| La violencia escrita es clara en las pintas en las calles de Torola. |
El sastre y el hijo del ganadero
Igual que doña Patricia y doña María, el alcalde Héctor Ventura Rodríguez es un hombre de izquierda. Tan de izquierda es que de rigor viste de rojo, el mismo color de los dos lapiceros que lleva en el bolsillo izquierdo de su camisa y el que domina en la alcaldía municipal, la plaza pública Santiago Apóstol y en las pintas que sobresalen en las paredes de las galeras que algún día, según promete, serán un mercado municipal lleno de ventas.
Ventura Rodríguez no sólo es un hombre de izquierda. Según, sus mismas palabras, es también “un hombre del partido”, un “ortodoxo del FMLN” y un “histórico del Frente en Torola”. Su relación con el partido empezó en los años de guerra, cuando desde su taller de sastrería apoyó “al movimiento”. Entonces, en su cédula de identidad, su profesión era “sastre pantalonero”. Pero las necesidades de la guerra lo llevaron a hacer desde pantalones hasta guerreras –camisas para combate-, mochilas y arneses. “Les trabajé a los muchachos desde 1984 hasta que terminó la guerra… Mi taller fue mi trinchera de lucha”, recuerda.
En 1996, el sastre se convirtió en candidato y trató de arrebatarle la alcaldía a don Pablo Ortiz. No pudo. Tres años después, estuvo en la terna de diputados del FMLN por Morazán para la Asamblea Legislativa. No alcanzó los votos necesarios, pero sonrió con la victoria de Argueta Díaz. “Torola es un pueblo de los más aguerridos del norte de Morazán y el FMLN lo liberó políticamente en 2000, cuando ganamos la alcaldía”, dice ahora Ventura Rodríguez, quien ganó las elecciones municipales tres años después y ahora busca la reelección por segunda vez.
¿Quién gana la alcaldía? “La vamos a ganar de nuevo”, sostiene Ventura Rodríguez, un alcalde que se siente querido por el pueblo. Tan querido es que, por “petición ciudadana”, el estadio municipal tiene su nombre, al igual que un tramo de la calle principal que se adentra en el pueblo, esa que antes se llamaba Morazán, y la brigada juvenil del partido que ha pintado de rojo todos los postes y espacios municipales que ha podido.
Así, los números no le preocupan. “La vez pasada ganamos por 13 votos. Los areneros vendieron la idea del programa de Red Solidaria y que el FMLN, en la alcaldía, iba a quitar el proyecto. Les envenenaron la mente y la gente dijo a votar por ellos… Aunque reconocemos que Arena no deja de tener una buena cantidad de votos, pero el FMLN tiene más de los 1 mil 828 electores del municipio… Gente que quiere una Torola que siga liberada”, sostiene.
En boca de los efemelenistas, “liberar” a Torola significó quitar el poder a los ricos del pueblo –a los Díaz, los Orellana, los Barahona y los Ortiz-, los mismos que manejaban el municipio casi como un cacicazgo. “Nada se hacía en el pueblo sin el aval de ellos. Eran los que representaban al sector económico, a los que tienen dinero de Torola… que son una mínima parte de gente y que engaña a muchos”, arremete el alcalde.
Bajo la lógica del alcalde, ningún rico volverá a ganar la comuna. Nehemías de Jesús Díaz Chicas, el candidato de Arena, es de los ricos del pueblo. Su padre, Claros Díaz, es, según los efemelenistas de la localidad, uno de los hombres que, sin estar metidos en la política partidaria, regían los destinos del pueblo. Nehemías de Jesús lo desmiente. “Es un hombre que lo que ha hecho es trabajar y enseñó a sus hijos a hacer lo mismo”, sostiene.
Lo que no niega el candidato arenero es que él y su familia son hombres de derecha de toda la vida. Lo dice su camiseta desmangada con la bandera de Arena bordada al lado derecho de su pecho con la que juega fútbol; la tipo polo con la que sale “a hacer campaña”; y un diploma colgado en la sala de su casa con la firma de Antonio Saca, entonces presidente del Coena, y en el que se le reconoce su verdadero “nacionalismo”.
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| El 68% de las familias de Torola vive en condiciones de pobreza extrema, como le sucede a Encarnación Hernández. |
“Los de Arena en el pueblo son muchos”, dice Nehemías Díaz. El “muchos”, según sus propios números, son suficientes para revertir los resultados de las elecciones pasadas y ganar la alcaldía. Tres años atrás, Nehemías tenía 26 años y todas las ganas de devolverle la comuna a Arena. No ganó y, un día antes de que tomara posesión su contrincante, salió hacia Estados Unidos. “Trabajé de todo… en la construcción y en un barco pesquero… ganaba 30 dólares la hora, pero lo mío es el compromiso con mi pueblo. Me regresé para ganar la alcaldía en 2009”, dice.
Ahora, Díaz asegura que la gente está cansada de las mentiras del alcalde Ventura Rodríguez; que tiene el suficiente apoyo como para superar al FMLN por unos 200 votos; que Arena, con el soporte del Ejecutivo, en manos de Ávila, y sus diputados, sacará al pueblo de pobreza. ¿Cómo? “Hablando… Solicitando y negociando”, sostiene. “Vea la Red Solidaria y la calle desde San Fernando… Ese es un proyecto de 4.5 millones de dólares… Vea todos los proyectos que se están haciendo en el pueblo… ¿Gracias a quién? Al presidente Saca que no se olvida de Torola”, remata.
Los que ambos candidatos parecen no ver es que ser un municipio autosostenible pasa más allá de sus promesas de campaña. Aún cuando se termine la nueva calle, los insumos agrícolas y los productos de primera necesidad seguirán teniendo un precio elevado producto de los 53 kilómetros que separan al pueblo de San Francisco Gotera, la cabecera departamental. “La calle servirá para que hayan más comercios en el pueblo, para que haya turismo”, dice Nehemías. “Ese es un proyecto que empujó el FMLN, porque no se olvida de la gente de Torola y porque quieren que seamos autosostenibles… Que la gente pueda conseguir sus insumos agrícolas más barato”, dice Ventura.
“Lo que olvidan los líderes de los partidos es que aquí no hay trabajo, que no hay pisto… Para comer dependo de que la cosecha sea buena...”, dice Antonio Ángel y señala los 16 sacos de maíz criollo que está desgranando. “Sí es buena, pues hay comida, se puede guardar semilla para la siguiente y hay un poco de pisto para comprar la fórmula (el abono) y los pasajes… Si no hay, pues no hay comida ni pisto para comprar nada, aunque haigan (sic) 10 tiendas que vendan todo aquí nomás en el pueblo, aunque ganen uno u otros”, remata. El sabio habla, pero Torola está en elecciones y parece ser que nadie lo escucha.
Las presidenciales de 2004
Sólo votaron 1 mil 015 electores (77.19%) en las elecciones presidenciales de marzo de 2004, cuando se tenía un padrón de 1 mil 315 personas. El nivel de ausentismo alcanzó el 22.81% (300 personas)
| Torola |
Votos |
% |
| Arena |
467 |
35.51% |
| CDU - PDC |
15 |
1.14% |
| FMLN |
461 |
35.06% |
| PCN |
30 |
2.28% |
| Subtotal |
973 |
73.99% |
| Otros |
Votos |
% |
| Impugnados |
0 |
0.00% |
| Nulos |
39 |
2.97% |
| Abstenciones |
3 |
0.23% |
| Subtotal |
42 |
3.19% |
| Votos válidos |
1,015 |
77.19% |
Las municipales de 2006
A continuación, los resultados electorales en las elecciones municipales de Torola, Morazán, en 2006.
Votos válidos |
Votos |
% |
Arena |
498 |
32.94% |
CD |
N/P |
N/P |
FMLN |
511 |
33.80% |
PCN |
174 |
11.51% |
PDC |
N/P |
N/P |
PNL |
N/P |
N/P |
Subtotal |
1,183 |
78.24% |
Otros votos |
Votos |
% |
Impugnados |
0 |
0.00% |
Nulos |
41 |
2.71% |
Abstenciones |
11 |
0.73% |
Subtotal |
52 |
3.44% |
TOTAL |
1,235 |
100.00% |
Las legislativas de 2006
A continuación, los resultados electorales en las elecciones legislativas de Torola, Morazán, en 2006.
Votos válidos |
Votos |
% |
Arena |
480 |
39.15% |
CD |
6 |
0.49% |
FMLN |
490 |
39.97% |
PCN |
150 |
12.23% |
PDC |
48 |
3.92% |
PNL |
N/P |
N/P |
Subtotal |
1,174 |
95.76% |
Otros votos |
Votos |
% |
Impugnados |
9 |
0.73% |
Nulos |
42 |
3.43% |
Abstenciones |
10 |
0.82% |
Subtotal |
52 |
4.24% |
TOTAL |
1,226 |
100.00% |
|