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Concepción de Oriente cambia su sueño

El municipio más remesero de El Salvador ya no sueña tanto con Estados Unidos y ahora ponen la vista en el aún incierto Puerto de La Unión y en las elecciones del 18 de enero, cuando competirán hasta esposos en planillas rivales.

Edith Portillo / Fotos: Luis Umaña
cartas@elfaro.net
Publicada el 05 de enero de 2009 - Elecciones 2009


Los niños se entretienen en el parque del pueblo. Ahora, los jóvenes ya no están pensando en irse a Estados Unidos, que pasa días difíciles por la crisis financiera. Con la promoción 2007 del complejo educativo local ocurrió algo insólito: los 23 bachilleres se quedaron en el país.

Si Paz Maldonado tuviera enfrente suyo a los candidatos presidenciales, sabría exactamente qué exigirles: “¡Aquí lo que necesitamos son fábricas para trabajar!” Sus amigos, probablemente a coro, como esta tarde de diciembre, le acompañarían apasionados en su demanda, que Paz volvía a rematar con un severo reclamo: “¡Aquí nos tienen marginados! ¡Tanto Arena como el FMLN son pura paja. Ayudan, pero en San Salvador! ¡Aquí que vengan a ayudar!”

El “aquí” al que Paz se refiere no está nada cerca de donde con más agitación se vive la campaña electoral presidencial. Junto a un grupo de 10 hombres más con los que está reunido esta tarde, este campesino cincuentón de barriga pronunciada, ojos achinados y voz tosca habla desde el recóndito caserío Pueblo Nuevo, del municipio de Concepción de Oriente, en el departamento de La Unión. Habla desde el municipio en el que sus habitantes prefieren la cercanía de Tegucigalpa, Honduras, para visitar una capital, y en el que la gente sintoniza también las radios y canales del país vecino porque la señal de los medios salvadoreños no siempre es la mejor.

Concepción de Oriente es una villa de 8 mil 179 habitantes, ubicado en el norte de La Unión y separada de Honduras solo por el río Goascorán. Se trata de un lugar tranquilo, donde según el Ministerio de Seguridad y la Policía Nacional Civil no hay problema de pandillas ni de homicidios. En los últimos seis meses solo se registró un asesinato en la zona rural, gran contraste con el resto del país, donde hay un promedio de unos 9 homicidios al día. Si no hay homicidios, sí hay violencia intrafamiliar y tráfico de drogas.

El municipio en breve

Concepción de Oriente es un municipio ubicado en el norte del departamento de La Unión. Está limitado al norte por Honduras, al sur por el municipio de El Sauce, al oeste por el municipio de Polorós, y al este por el Río Guascorán, que hace las veces de la línea fronteriza oriental de El Salvador con Honduras.

En el municipio hay dos unidades de salud, cinco escuelas, un instituto ubicado en el casco urbano, siete iglesias, tres canchas deportivas y un parque. Hay además un juzgado de paz y un puesto policial. No hay casa comunal, ni mercado municipal ni casa de la cultura.

La zona rural, donde vive el 87.6% de la población, está dividida en cuatro cantones y siete caseríos. Los servicios básicos como agua, energía eléctrica y teléfono existen en el casco urbano, no así en todos los caseríos.

La gente sobrevive de las remesas que envían sus familiares de Estados Unidos (el 63% de los hogares según el Informe del PNUD 2005); del cultivo de maíz, predominantemente para el propio consumo y en menor medida para su comercialización local o en los municipios vecinos; de la cría de ganado y la venta local de sus productos; y de pequeños comercios ubicados sobre todo en el casco urbano.

A la villa se llega tomando el desvío hacia El Sauce sobre la Ruta Militar, justo después de haber pasado por Santa Rosa de Lima. Es hora y media de trayecto en terreno sinuoso, que podría ser mucho menos si no fuera porque es sobre una calle pavimentada durante el gobierno del ex presidente Francisco Flores, pero que ahora bien pareciera, con sus enormes baches, ser un camino bombardeado en plena guerra.

Al entrar al casco urbano, donde vive solo el 12.4% de la población y donde a diferencia de algunos caseríos sí hay servicios de agua, energía eléctrica y teléfono, el paisaje es contrastante: casas viejas de adobe que se asemejan a las del área rural, junto a algunas imponentes casas de bloque de cemento –varias de ellas vacías–, con amplias cocheras para los pick ups Tacoma que abundan en el lugar, con pisos de cerámica y pintadas en tonos pastel. Son el reflejo de la migración y del impacto de las remesas enviadas por aquellos que un día decidieron probar suerte e irse a los Estados Unidos. Y reflejo de ello son también los teléfonos celulares que casi todos tienen en el área urbana, los dos bazares con “ropa americana” cercanos al parque central, así como las tiendas y la gasolinera Puma ubicada a la entrada del casco urbano, propiedad de un migrante que luego de hacer su pequeña fortuna decidió volver.

Pero de las fábricas que Paz Maldonado quisiera tener cerca para poder trabajar y recibir un salario no hay nada en Concepción de Oriente. Y lo único que hoy parece más próximo a ese sueño -según les han contado- está a más de dos horas de recorrido en vehículo de ese patio en el que discuten formando un círculo. Aunque no saben bien de qué se trata, estos agricultores que comen de la cosecha del mismo maíz que cultivan, conocen de ese rumor sobre un proyecto que creen podría generarles un empleo, sobre un proyecto que a cinco horas de allí, en la lejana capital, San Salvador, se dibuja tan incierto como en ese caserío. “El alcalde parece que dijo que ya pronto van a hacer eso del puerto de La Unión, yo creo que ahí tal vez haya trabajo. Ha dicho que hay unas becas para ir ahí a prepararse, son dos años de preparación”, cuenta Israel Rodríguez, otro campesino mucho más menudo y calmado al hablar que su amigo Paz.

La inseguridad con la que habla de esa posibilidad, sin embargo, es notable y, recordando rápidamente ese detalle importante que le faltaba, es él mismo quien se apresura a desanimarse con un argumento que ahora sí expone con convicción: “La cosa es que se necesita tener noveno grado para poder entrar a esa preparación, ¿y aquí quién de nosotros ha hecho el noveno grado?”. El silencio de sus compañeros lo dice todo. Ninguno lo ha hecho. Ninguno de ellos se adueña entonces de esa esperanza.

Las expectativas por tener un empleo cerca del hogar no eran tales hace tres años, cuando el país, como ahora, también estaba por celebrar elecciones municipales y legislativas. Para entonces, el propio alcalde, Héctor Canales, era el que en plena campaña para ganar su tercer período abanderaba el consejo de emigrar al extranjero en busca de una mejor vida, basado en su propia experiencia. “Si pueden emigrar, es mejor. Estados Unidos es un país donde hay oportunidades, la gente se supera económicamente. Lo que no se puede hacer en este país, allá se logra hacer”, decía el alcalde, que incluso planeaba volver a probar suerte en Estados Unidos si no ganaba su tercer período.

La nueva migración

Ahora las cosas han cambiado. La crisis económica mundial que inició en Estados Unidos –y con ella el aumento del desempleo, especialmente en aquellas áreas típicamente trabajadas por migrantes– está obligando a pensar distinto en el municipio que, según el Informe de Desarrollo Humano 2005 del PNUD, era el que proporcionalmente más remesas recibía de todo el país: dos de cada tres hogares gozaban de los envíos familiares. En aquel año, “irse al norte”, como identifican a los Estados Unidos, era la opción que casi por naturaleza consideraban los jóvenes, sobre todo los hombres, después de terminar el noveno grado o, con mucha suerte, el bachillerato.

Antes, la aspiración de los jóvenes era siempre irse, a veces se empezaban a ir incluso a mitad del año y por eso había bastante deserción escolar, pero ahora la cosa está distinta. La crisis económica está impactando a las familias que viven de las remesas porque el trabajo se está cerrando allá, así que los mismos familiares de allá les están diciendo a los jóvenes que mejor no se vayan”, dice Fredy Bonilla, miembro del concejo municipal y subdirector del Complejo Educativo “Profesor Vidal Umanzor”.

Un joven de la banda local toca el trombón en la iglesia parroquial, luciendo una gorra con la imagen del Che Guevara. El párroco David Escobar ha llamado a los fieles a ir a las urnas, aunque lo acusen de meterse en política.El candidato a alcalde del FMLN es miembro activo de la parroquia.

Cualquiera que hubiera llegado a principios de diciembre pasado a este municipio habría creído que no es cierto que los jóvenes no se están yendo para los Estados Unidos. En el parque central y en las calles del casco urbano, los únicos jóvenes que se ven son adolescentes que rondan los 14 años. Un poco mayores que ellos, en edad de estar por graduarse o de haberlo hecho recientemente, no hay ninguno a la vista. Pero la razón, ayuda a explicarlo Christian, el hijo de Fredy Bonilla, es otro tipo de migración: “Hay varios que no están en estos días porque todavía están estudiando. Están en San Miguel porque les faltan todavía algunos exámenes para terminar el ciclo de la universidad, pero sí vienen siempre ya cuando están de vacaciones”, cuenta este joven de 23 años.

El mejor dato que muestra que las cosas están cambiando lo cita el subdirector del complejo educativo, como un hecho insólito que ocurrió en el municipio en 2007: ninguno de los 23 jóvenes de la promoción de bachillerato de ese año se fue para el norte y nueve de ellos ya están estudiando en la universidad. Y eso, dice, “es bueno desde el punto de vista educativo, porque significa que los jóvenes se están interesando más por el estudio”.

El mismo alcalde, contrario a su pensamiento de hace tres años, rescata ahora también el lado bueno de esta situación: “Es positivo el cambio que está habiendo porque, por tanta migración, hemos tenido mucha desintegración familiar en el municipio”.

Nelson Romero es de esos jóvenes que se ha graduado recientemente y ha preferido estudiar. Terminó su bachillerato general apenas hace unos meses y ya se encuentra haciendo trámites para estudiar la licenciatura en educación en la Universidad de El Salvador (UES), en San Miguel. Tiene varios tíos en los Estados Unidos y a sus 16 años, aunque todavía no puede votar, habla de la importancia de estar informado de la realidad nacional y de por qué cree que es mejor haberse quedado: “Nosotros con mis compañeros hablábamos bastante de política, no podemos votar pero sí podemos irnos enterando de qué hacen los alcaldes, los diputados, para después saber votar (…) Varios de mis compañeros hubieran querido irse porque allá (Estados Unidos) está su familia, pero saben que sin papeles, está muy difícil. Yo, la verdad, no pensé en irme, quiero servir a mi país. Prefiero servir acá que estarle sirviendo a otro país”.

Él, como Paz y los campesinos que discutían sobre la necesidad de empleo, ha escuchado también que el Puerto de La Unión podría generar trabajo en la zona oriental, pero tampoco tiene claro cuándo ni qué tipo de empleos. De lo que sí conoce un poco más, dice, es de la carretera Longitudinal del Norte, un proyecto financiado con fondos de la Corporación del Reto del Milenio (MCC, por sus siglas en inglés) y que pasará por el municipio, aunque ese tramo se prevé como de los últimos a construir en los cuatro años que restan para terminar su implementación. “Pero dicen que cuando esté la calle, como va a haber mayor conexión con el resto del país, va a generar más productividad en la zona”, cuenta Nelson.

Christian Bonilla, al igual que la generación de Nelson, que ahora vuelve la vista hacia las ciudades más cercanas en el oriente del país, también decidió estudiar una carrera en San Miguel y dice que nunca pensó en seguir los pasos de su hermano mayor, que sí fue enviado a los Estados Unidos desde los siete años. Christian cursa tercer año de Ingeniería Agronómica en la facultad multidisciplinaria de Oriente de la UES, y su sueño es poner algún día un agronegocio. “Mejor invertir en algo propio y no estar dependiendo de un salario”, dice el joven, que antes de hablar se ha quitado el sombrero azul del Partido de Conciliación Nacional (PCN) con el que andaba. “Yo voté en la elección de 2006 y voté por el PCN, esta vez también voy a votar así. Y para la presidencial, en la primera vuelta igual por el PCN, pero para la segunda tendremos que ver a quién se apoya”, explica.

La contienda local

El PCN es el partido al que pertenece el padre de Christian y el que ha ganado con holgura la alcaldía desde el año 2000. Aun con el elevado porcentaje de absentismo (más del 57% en la última elección), las cuentas no han sido cerradas para el partido azul en este municipio. En 2006, el alcalde, Héctor Canales, ganó su tercer período con casi el 42% de los votos; seguido de Arena, siete puntos porcentuales atrás; y del FMLN, al que le sacó casi 18 puntos de ventaja. Nada más. Ningún otro partido.

Hoy hay un nuevo partido que se ha sumado a la contienda local: el PDC. Si uno entrara al municipio y se dejara llevar solo por las abundantes pintas verdes en cada poste y hasta en la entrada del cementerio, frente a la casi nula evidencia de presencia del resto de partidos, fácilmente pensaría que está en territorio dominado por la Democracia Cristiana. Pero no se trata de eso, sino de un intenso trabajo de campaña adelantada para posicionar al partido novato del lugar.

Los demás partidos casi no están haciendo campaña. Se sienten todos confiados. El PCN está confiado, Arena igual, y el FMLN cree que va a ganar solo porque llevan a alguien de la iglesia”, critica Rómel García, el candidato pedecista, quien a pesar de su intensa campaña se ampara en un factor externo para confiar en una posible victoria. “Yo tengo fe de que voy a ganar, llevo una ventaja porque yo de quien estoy agarrado es de don Wil”, dice. “Don Wil” es Wilfredo Salgado, el polémico alcalde de San Miguel que ha ganado la comuna con tres camisas distintas –la del PDC en 2000, la de Arena en 2003 y la del PCN en 2006- y que en 2009 lo intentará por cuarta vez, y de nuevo con la del PDC.

El PDC se ha tomado las calles con su pinta y pega, a tal punto, que el poblado pareciera ser territorio pedecista. El candidato a alcalde, Romel García, confia en un triunfo enganchado en el arrastre del alcalde migueleño Wil Salgado.

En su trabajo de persuasión a los habitantes de Concepción de Oriente para que voten por él, Rómel García ha repartido sillas de ruedas, camisetas, pelotas de fútbol y hasta ha armado torneos deportivos. Ha firmado también compromisos al estilo del candidato presidencial arenero, Rodrigo Ávila, asegurando que arreglará calles que conducen a los cantones, que hará pasarelas para poder cruzar los ríos en época lluviosa, que hará canchas deportivas, y que ampliará el servicio de agua y energía eléctrica a los caseríos que aún no los tienen.

Esas, de manera repetida, son las propuestas generales de los candidatos a la alcaldía, incluyendo a Héctor Canales, que pese a las deudas que también se le señalan –falta de un mercado municipal, de casa comunal y de casa de la cultura– dice estar seguro de que se reenganchará en el puesto con un cuarto período. Y todos los candidatos, como los jóvenes que ya no sueñan con Estados Unidos, están conscientes además de que el patrón migratorio en su municipio está cambiando y que la generación de empleo y la dinamización de la economía local es, por lo tanto, una necesidad cada vez más urgente.

Tratando de responder a eso, todos mencionan también en sus ofertas que impulsarán la creación de talleres vocacionales para que los jóvenes aprendan nuevos oficios con los que puedan ser productivos. “La gente joven que hay se ha acostumbrado a recibir la remesa y no quiere trabajar, por eso también es difícil”, reconoce el candidato por el FMLN, Lucindo Bonilla, sobre este lugar en el que la mano de obra para el empleo doméstico, criar el ganado y cultivar la tierra ha venido en los últimos tres años de las vecinas Honduras y Nicaragua. “Se necesitan talleres para que los muchachos aprendan oficios, de panadería, de sastrería... También hay que estudiar el potencial del territorio, ver si se puede atraer el turismo nacional”, agrega Bonilla, un líder y administrador durante 11 años de los fondos de la iglesia católica del lugar, y que también fue un inmigrante en Estados Unidos durante un lustro.

Lucindo Bonilla viajó de forma legal a Estados Unidos cuando tenía 32, en el año 1982. Se fue buscando trabajo y lo halló en las ciudades de Houston y Boston, donde trabajó plantando árboles y como despachador en un restaurante. Hoy, a sus 58 años, cultiva la tierra para su consumo y tiene 30 cabezas de ganado. Es padre de cuatro hombres de entre 19 y 33 años viviendo en el norte, pero tampoco aconseja marcharse a las nuevas generaciones: “Hay muchas dificultades para viajar y para encontrar trabajo allá. Y si es viajando ilegal, es todavía más difícil, no es de apoyar eso”.

La candidata arenera, Suyapa Avelar, es de quienes aún en la época en que muchos migraban, salió de Concepción de Oriente, pero siguiendo la misma línea que hoy siguen las nuevas generaciones de jóvenes: irse cerca. Se fue a estudiar y se graduó de enfermera en la Universidad Andrés Bello, y ahora, con 44 años, además de ser la enfermera de la unidad de salud de la localidad, tiene una farmacia en su casa. “La gente debería votar por mí porque tengo preparación, porque soy una profesional que podría aportar su conocimiento en la alcaldía”, dice.

Su participación en la contienda por la alcaldía de Concepción de Oriente quizás no llamaría la atención por sobre sus contendientes, si no fuera por una curiosa peculiaridad: es la comadre de Héctor Canales, el alcalde, y esposa del primer regidor de la comuna, José Santos Escobar, quien competirá nuevamente en la planilla pecenista. En un momento, cuenta la enfermera, llegaron incluso a pensar con su compadre en la posibilidad de que este le acompañara como parte de un eventual concejo, pero bajo la bandera de Arena, partido al que asegura pertenece desde los 25 años. Pero el compadre, y lo admite el mismo alcalde, no aceptó. “Ahora yo diría que PCN y Arena son los rivales más fuertes”, dice la candidata.

Aunque los números tradicionalmente le hayan favorecido a Héctor Canales, ella también confía en que ganará. Y por eso, dice, esperando además que el partido al que representa gane la elección presidencial, asegura además que logrará la reparación de la tortuosa calle que lleva de Santa Rosa de Lima a su municipio. “Ya hablé con Rodrigo Ávila y él me dijo que sí, que vamos a trabajar para arreglarla”.

Las incertidumbres de aquí y de allá

El día que Suyapa Avelar habló con Ávila fue el 28 de noviembre pasado. Ese día, el candidato presidencial arenero visitó Concepción de Oriente como parte de su gira por el país. Esa visita y el trabajo de campaña que hacen las representaciones municipales de los diferentes partidos son las que también han hecho que las expectativas sobre el futuro no se centren solo en la contienda local, sino también en la presidencial. Y esta, como se ha visto ya en distintos estudios de opinión pública, en Concepción de Oriente parece centrarse también en los dos partidos mayoritarios, Arena y el FMLN, aunque localmente gobierne el PCN.

10 días después de la llegada de aquella caravana arenera, en la que se repartieron camisetas y que cuentan duró solo una media hora, un grupo de seis lugareños está reunido durante la mañana en el corredor del comedor “Vanessa”, enfrente del parque central. Es el negocio de la “niña Fena” –pocos saben que su nombre en realidad es “María Perfecta”, dice–, una señora de 50 años que vende comida en los tres tiempos y que, para estos días, también vende pólvora. Ni ella ni ninguno de sus tres hijos ha viajado alguna vez a Estados Unidos por tratar de buscar una vida mejor, pero viviendo en el municipio que al menos hasta hace tres años era el más remesero del país sabe bien de qué habla cuando discute sobre migración. Y sobre todo, cuando discute sobre cómo los partidos políticos han abordado el tema en sus campañas electorales. “Puras mentiras”, resume.

La misma carestía en este país es la que ha hecho que la gente emigre, pero mirá ahorita que los Estados Unidos ha caído, mirá cómo han bajado las ventas de todo aquí”, le dice en tono elevado a un hombre de unos 30 años que prefiere no identificarse y que luce un pantalón holgado y, bajo una camisa cuadriculada a medio abotonar, una camiseta de las que el candidato arenero repartió con su nombre. “Él deportado vino”, comenta ahora en voz bajita la niña Fena, como queriendo que el hombre no se entere de la infidencia que acaba de hacer.

El joven prefiere solo callar y cubrirse el rostro tras el periódico que lee, pero como tiene más interlocutores que este que la ignora, la niña Fena, que se identifica abiertamente como “roja”, es decir del FMLN, continúa con su intervención. “¡Aquí un montón de mentiras que se dicen! Y lo malo es que, como la gente no se educa, la engañan”. “Cabal”, asienten otros dos señores cincuentones, dejando con esa breve respuesta que la señora siga. “Dicen que si la gente tiene dos casas, el Frente les va a venir a quitar una, que si gana el Frente van a mandar a todos los salvadoreños deportados de Estados Unidos, ¡si ya nos los están mandando y no ha ganado el Frente todavía!”, critica la mujer, que de paso recuerda a sus cinco compañeros de discusión que este enero probablemente llegue también a visitar Concepción de Oriente el candidato presidencial del FMLN, Mauricio Funes.

Otro hombre de 40 años, que también pide no ser identificado, se involucra entonces en la conversación. Él ha venido por unos meses de Virginia, Estados Unidos, donde dice que el empleo “está malísimo” en el área donde usualmente trabajaba: la construcción. Aunque no se dice “efemelenista”, coincide con la niña Fena sobre las que considera mentiras de campaña: “Los de Arena insultan nuestra inteligencia, lo hicieron en la elección pasada cuando anduvieron diciendo que ya no iba a haber remesas y que a la gente la iban a mandar deportada (…) Por eso me voy a quedar para estar en las elecciones, para ir a votar. No quiero que otros decidan por mí”.

La pasión con la que estos lugareños hablan de cara a las elecciones quizás no era tal en las últimas elecciones. De hecho, los porcentajes de absentismo en las urnas durante las últimas dos elecciones han superado siempre el 55%. En esto, el parroco de la localidad, David Escobar, se siente llamado a actuar. “Aquí la gente no ha tenido mucho interés en cuestiones electorales, como que no se emociona mucho porque han sabido que con las remesas se sostienen. Pero yo sí trato de llamarlos a votar para que puedan decidir, aunque digan que el padre se mete en política”, dice. Tal vez ahora, con las esperanzas –y las exigencias– de encontrar opciones de progreso en el país y no en los Estados Unidos, el patrón de participación electoral también cambie.

Para la población, el mayor problema del municipio es la falta de empleo y para muchos el proyecto del Puerto de La Unión representa una esperanza de superación para los jóvenes que podrían buscar empleo en este proyecto nacional.

Mientras eso pasa, o no, el alcalde confía entonces en que la gente que un día se fue de Concepción de Oriente vuelva y se interese en invertir en el municipio, en instalar negocios y así generar algunos empleos. “Y el puerto (de La Unión) también es una gran oportunidad. Los muchachos pueden ir a estudiar a los Megatec (“modelo educativo gradual de aprendizaje técnico y tecnológico), que se capaciten en hostelería, para electricistas… para esos trabajos que van a necesitar allí”, repite Héctor Canales, soñando con ese proyecto tan discutido en la capital.

En el caserío Pueblo Nuevo, esta tarde en que Paz Maldonado y sus amigos también discuten, Julián Díaz, otro de los campesinos en el grupo, no sueña tan lejos ni con algo tan concreto como el alcalde. Pero en medio de su incertidumbre, tiene al menos una franca solicitud a los candidatos y a los partidos políticos: “Yo lo que pido es que las cosas que dicen, que se hagan. Porque todos dan promesas, pero el que promete y no tiene el real, no hace nada”.

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