Subamos juntos y despacio PDF Imprimir E-mail
Domingo, 22 de Marzo de 2009 20:37
Por Alberto Valiente Thoresen

El economista franco-español Javier Santiso publicó en inglés hace un par de años el libro "Economía política latinoamericana de lo posible. Más allá de buenos revolucionarios y mercadolibristas" (Latin America's Political Economy of the Possible. Beyond Good Revolutionaries and Free Marketeers).  La idea principal del libro es que muchos países latinoamericanos han dejado de ser campos de batalla de paradigmas económicos, abriendo paso al pragmatismo que trae resultados positivos.

No es que las ideologías hayan muerto o no sean necesarias. Sin embargo, los políticos de muchos países se han dado cuenta de que los buenos gobiernos no interpretan la realidad de acuerdo a una teoría con limitaciones. Los buenos gobiernos utilizan varias teorías como guías, para adaptarse a una realidad cambiante, compleja y que no ofrece respuestas sencillas.

Recuerdo con gusto este libro cuando escucho las declaraciones muy similares de Alex Segovia, principal asesor económico y social del presidente electo de El Salvador, Mauricio Funes. Como lo afirmó en El Faro el 13 de marzo pasado Hato Hasbún, otro asesor del señor presidente electo:  "La concepción del FMLN de cómo gobernar ha cambiado en el último año y medio".  Ejemplo de ello es que incluso el tan atacado vicepresidente electo se ha proclamado vicepresidente de todos los salvadoreños, no del FMLN.  Este es un respiro de aire fresco después de años de funcionarios que violan sus deberes constitucionales y asesores económicos que siguen siendo fundamentalistas de mercado.

A la luz de estas observaciones, me parece cómico encontrarme con gente que asegura que el país se ha entregado a los comunistas, porque el Partido Comunista no compitió en las elecciones y porque el poder Ejecutivo difícilmente puede equipararse al país entero. Este comentario refleja ignorancia de doble filo, por un lado del diseño del sistema político republicano de nuestro país, y por otro, de la Constitución y los deberes de los funcionarios públicos ahí plasmados.

Afortunadamente, el presidente y vicepresidente electo están demostrando que sí saben de estos temas y se compromenten a respetarlos, de la misma manera que lo está haciendo su partido. Siempre habrá ideologías revolucionarias y sueños socialistas en el partido de gobierno electo. Pero para llegar al Ejecutivo, el liderazgo del partido ha tenido que poner los pies sobre la tierra con los demás salvadoreños. Resulta fundamental que no suban de nuevo, para poder gobernar con estabilidad y no perder la confianza del electorado.  Este es un prerrequisito para que todos los salvadoreños podamos emprender el camino a altas aspiraciones.

Podemos decir figuradamente que en los últimos años, El Salvador ha estado escalando el muro de una montaña, para alcanzar la cima que contiene dos aspiraciones ideológicas íntimamente relacionadas: la democracia y el desarrollo. Pero la historia nos ha demostrado que esta subida no puede hacerse de la noche a la mañana. Principalmente porque no es fácil elaborar el equipo necesario para subir a todos los salvadoreños y hacen falta recursos.  

Ante esta realidad ha habido tres tipos de reacciones apresuradas. Por un lado han estado los mercadolibristas, quienes han querido escalar relativamente solos para hacerlo más rápido. Han usado una cuerda de seguridad que solo está atada a dos puntos de apoyo que están más arriba y ayudan a halar la cuerda. Estos puntos de apoyo son las élites empresariales locales y los Estados Unidos.

Por otro lado han estado los revolucionarios soñadores, quienes también solos, pero acompañados de sus libros y análisis, han subido a los árboles, para desde ahí soñar y vislumbrar la cima democrática y desarrollada que se pretende alcanzar. Finalmente han estado los aventureros, que sin cuerdas de seguridad ni apoyo han emprendido el camino hacia arriba, valientemente abriendo paso a otros salvadoreños y muchas veces acarreándolos en sus espaldas. Estos últimos han contribuido a mantener la esperanza de los de abajo y a establecer contactos con otros puntos de apoyo en el camino hacia arriba.   

En estos días es evidente que el punto de apoyo de los Estados Unidos está flojo, brinando todavía menos soporte al peso que representa el grupo pequeño de salvadoreños que ahí se sustenta. Una caída de este punto, implicaría todavía más peso en el punto de apoyo de las élites empresariales locales, quienes probablemente no podrían sostener el peso de los salvadoreños que cuelgan de una cuerda. La caída podría ser fatal y aplastaría a los de abajo.

El presidente electo Funes y su equipo son ahora los encargados de guiar la escalada. Por el momento han logrado unir a salvadoreños de más arriba de la montaña, de los de abajo y de los árboles. Están haciendo intentos por encontrar la mejor forma de evitar esta caída o de amortiguarla, al mismo tiempo que buscan nuevas formas de subir esta montaña. La nueva estrategia incluye el fortalecimiento de los dos viejos puntos de apoyo y el desarrollo de nuevos puntos para atar las cuerdas de seguridad, con la aydua de los aventureros. Por ejemplo, estableciendo relaciones diplomáticas con China y Cuba, así como el desarrollo de aún mejores relaciones diplomáticas con Brasil, Argentina, Venezuela y la Unión Europea, entre otros. Esto distribuirá el mayor peso implicado por la inclusión de los de abajo en las cuerdas de seguridad y restará la carga que recae sobre los escasos puntos de apoyo de los que cuelga la limitada estrategia de los gobiernos anteriores. Además se intentará subir al resto de Centroamérica y se diseñará nuevo equipo para escalar,  que podrá ser usado por todos.  

En este camino hacia arriba no hay pasos simples y es importante que los partidos de oposición sean críticos de las propuestas y estrategias del Ejecutivo. Pero hay dos cosas que no se le pueden justificar a la nueva oposición de la derecha:

Una es intentar marginar al nuevo gobierno en los árboles para que no puedan subir, junto a los soñadores revolucionarios que todavía se encuentran ahí, vislumbrando la cima del desarrollo y la democracia. Así como todos los esfuerzos constructivos cuentan, estos revolucionarios son necesarios para orientar parte de la escalada. Pero confinar al Ejecutivo en esta área es algo que afectaría las posibilidades de encontrar más puntos de apoyo y equipo técnico en la subida. La derecha no puede seguir acusando de comunistas y antisistema a funcionarios constitucionalistas que no lo son, a menos que quieran que se conviertan en ello. Esto es algo que repercutiría negativamente en todos los salvadoreños, quienes caerían juntos.

En este sentido es importante recordar que la tan criticada situación que se vive en Venezuela es más un resultado de cómo se ha comportado la oposición de la derecha local y extranjera, que los alegados planes conspiradores de Hugo Chávez. En Venezuela, fue la derecha la que robó, violó derechos humanos y llevó a Venezuela al Caracazo de 1989, que culminó con dos intentos fallidos de golpe de estado en 1992. Fue la derecha la que orquestó un fallido golpe de Estado a un gobierno democrático en 2002, en cooperación con ciertos canales de televisión.

También fue la derecha la que boicoteó elecciones libres en 2005, y han sido los medios de comunicación opositores los que continúan exportando una visión sobredimensionadamente negativa y poco realista de su propio gobierno. Procesos similares han operado en Cuba, Bolivia y otros países latinoamericanos.

Si la derecha de El Salvador empieza a tratar al presidente electo Mauricio Funes de la misma manera injusta con que las derechas han tratado a los presidentes de Venezuela y Bolivia, acabarán afectándose a sí mismos y al resto de salvadoreños. La tan soñada tumba de los rojos, sería la tumba de todos los salvadoreños.

La segunda cuestión que no se le puede aceptar a la nueva oposición derechista es que su crítica no tenga como intención subir a la cima del desarrollo y la democracia. En la mayor parte de los casos es evidente cuando la oposición es destructiva y cuando es constructiva. El FMLN ha bajado a la tierra con el resto del electorado salvadoreño, y como oposición, sus soñadores y aventureros obstaculizaron, pero nunca cortaron
las cuerdas de seguridad de los grupos areneros que subían solos mientras el resto del país los miraba desde abajo. Ahora le toca a ARENA volver la mirada y desde su posición en la montaña, no cortar las cuerdas que los sostienen. Recordemos que El Salvador no tiene los puntos de apoyo de gas o petróleo que tiene Bolivia y Venezuela, y una oposición destructiva tendría mayores consecuencias. Tenemos que subir en controversia constructiva, juntos y despacio.