OPINION
Hipótesis de victoria
Por Napoleón Campos
cartas@elfaro.net

“Hipótesis de victoria” es un terreno común en ciencias políticas y en el diccionario militar. Militarmente, victoria es el resultado de vencer, pero con una distinción fundamental. Alcanza victoria el que bate o derrota a su enemigo, pero triunfa sólo quien reduciendo a su enemigo a la impotencia por resultado de una o muchas victorias, le dicta leyes. Así pues, las victorias se alcanzan en los combates, y el triunfo a la terminación de la guerra, no sólo con la derrota y completa sumisión de los enemigos, sino con la realización de todos los planes proyectados. Por ello, dicen los cronistas, se cuentan tantas y tan repetidas victorias, y muy pocos triunfos.

Una “hipótesis de victoria”, por tanto, permite articular los elementos reales de análisis disponibles que fundamenten un eventual gane electoral. No es un ejercicio inútil. Por el contrario, se estructura esa hipótesis con un grado significativo de razón y puede ser, para los operadores políticos, una guía clave para la toma audaz de decisiones. Por supuesto, la demostración de la hipótesis viene con los hechos, es decir, con los votos depositados en las urnas. Esto explica de entrada que en el curso de nuestra post-guerra, la hipótesis de victoria de una fuerza de oposición sea el súmmum que sacude cada cinco años a la opinión pública, a los electores, a los vecinos centroamericanos, a aquella porción de la comunidad internacional pendiente de El Salvador.

Es curioso que cuando mejor le ha ido a la oposición fue en la primera elección, la de hace 15 años, cuando Rubén Zamora le arrancó a Calderón Sol el pase a segunda vuelta. Pocos guardan memoria  que en 1993-1994 Héctor Silva fue el jefe de campaña de Zamora y que Shafick Handal fue candidato a alcalde por San Salvador. Tres años después Handal se apartó de esa candidatura, cedió su lugar a Silva. Flanqueado por aquella primera Iniciativa Ciudadana, novedosa y atractiva para el elector capitalino, Silva ya como alcalde rápidamente se convirtió en la primera figura verdaderamente presidenciable de izquierda en la historia reciente. Entre quienes podemos testimoniar porque estuvimos más o menos cerca de aquel proceso (yo recién desembarcaba aquí tras mis estudios doctorales), nadie puede negar que hace una década Silva tuvo consigo una robusta hipótesis de victoria presidencial.

¿Tiene el único proyecto actual de oposición una sólida hipótesis de victoria? Caractericemos el proyecto actual:

Su primera nota esencial es que consiste en un proyecto único pero no unificado. El proyecto de 1994 es el que más se ha acercado a un “movimiento de unidad nacional”, un “gobierno de amplia participación”, o la “unión nacional opositora”. El actual es único porque sólo él existe, pues los pre-proyectos, especialmente el que encabezó Arturo Zablah, no cuajaron. La gran enseñanza de la UNO de 1971-1972 fue la articulación entonces de un candidato  honorable y admirado (“Con Duarte aunque no me harte”) y de un bloque electoral desde el centro hacia la izquierda comunista (no armada) encabezada por Handal, con la que se abrió la oportunidad de transición del militarismo a un formato de gobierno civilista y reformista, el cual podría haber detenido el baño de sangre. Fueron años de profunda crisis económica derivada de la devaluación del dólar a partir de 1971 y del fin del petróleo barato ante el corte del suministro a las economías centrales, ricas y desarrolladas, por los grandes exportadores agrupados en la OPEP.

Hoy día, Funes es un candidato con buenos sustantivos y adjetivos entre la ciudadanía pero el bloque electoral no existe. Los “Amigos de Mauricio Funes”, y el resto de entidades de apoyo, no equivalen ni reemplazan a un bloque electoral. El proyecto sólo cuenta con los alcances y límites del FMLN. No está en juego ninguna transición que no sea la alternancia misma en el Ejecutivo, que es muy importante en sociedades como las nuestras destrozadas por la Guerra Fría y guerras civiles, y que arrastran una cultura autoritaria y violenta que se sigue reproduciendo (por nuevos factores a los que no vamos aquí a pasar lista). El momento económico es otro de crisis, de alza en los precios de los combustibles fósiles y alimentos, pero desde el cual se perfila un horizonte complejo y dramático en el que el abastecimiento y la comercialización del petróleo que conocemos terminará, y debe ser reemplazado por otro orden energético que detenga el calentamiento global que puede poner fin a la especie humana.

La segunda nota esencial tiene que ver con la naturaleza intrínseca del FMLN al año 2008. Bajo el ángulo del poder, el FMLN exhibe dos grupos de ansiedades. Las primeras corresponden a  los intereses parlamentarios y de gobiernos locales. No se dice nada nuevo al recordar la refrenda de puestos de trabajo en los Órganos de Estado que comprende a varios miles de afiliados y simpatizantes del FMLN. Hay un “bloquecito” burocrático que a estas alturas ya adquirió sentido y dinámica propios y por naturaleza se aboca a sobrevivir. Son intereses ajenos a la elección presidencial, pero que se valen en esta coyuntura de dicha elección y la condicionan.

Están acertados quienes han recomendado a Funes refrescar la planilla de diputados del FMLN hasta donde esos enquistados protagonismos individuales se lo permitan, y quienes le sugieren asegurar personalmente el triunfo en enero en municipios como San Salvador, Santa Ana, San Miguel y Antiguo Cuscatlán. Perder San Salvador y no triunfar en los otros municipios emblemáticos, indicados a manera de ejemplo, afectarán el último tramo de la elección presidencial.

Las segundas ansiedades tocan a los ámbitos ideológicos e históricos del FMLN. En el curso de la presente década, Hugo Chávez, con su discurso militarista, bolivariano y sus gigantescos recursos petroleros y monetarios, ha impactado profundamente al FMLN. Es perceptible una tendencia cada vez más extendida y dominante dentro del FMLN que cree que el alineamiento con Chávez, con sus iniciativas políticas, con su visión de mundo, es bueno para el FMLN, para un gobierno del FMLN y para El Salvador. Dirigentes de primerísimo nivel y cientos de militantes expresan pública y privadamente su convencimiento de que la tesis del “Socialismo del Siglo XXI” constituye una prolongación del antiguo ideario revolucionario e internacionalista.

Esta tendencia, en términos prácticos, se ha traducido para el proyecto electoral de Funes en un hilo de contradicciones quizás interminable. Concebir la relación con Estados Unidos, con las FARC, incluso con la Unión Europea y el resto de América Latina, desde la visión de Chávez, representa un desafío irresoluble para Funes pero igual le hubiese sucedido a quien asumiera la candidatura presidencial del FMLN. Las preguntas sobre el por qué Funes no ha ido oficialmente como candidato a Caracas, o qué hará Funes durante la Cumbre Iberoamericana en caso Chávez venga aquí, se embonan bajo esta perspectiva. En términos objetivos, encuadrar el proyecto presidenciable del FMLN fuera del esquema Chávez es apartarse sin sentido del padrino que llenó los vacíos (y los bolsillos también) de las izquierdas extremas latinoamericanas en la post-Guerra Fría, entendiendo por ellas las autodenominadas “revolucionarias” y “socialistas”. De esa manera, se comprende el por qué Lula, Tabaré Vásquez, Fernando Lugo, no convocan, no persuaden, como lo hace Chávez en las filas del FMLN.

Otra suerte de ansiedades tocan con la especificidad de la historia salvadoreña. Los déficits de los Acuerdos de Paz por inacción y omisión del Estado salvadoreño han sido concentrados en la expectativa de un triunfo de la oposición. Expectativas que van desde la pobreza endémica hasta las reparaciones a las víctimas de la violencia. El encendido reproche a que, de ganar la presidencia, Funes y el FMLN no revertirán la ley de amnistía, hunde sus raíces en esos déficits que necesariamente su proyecto se echa en la espalda pues ha sido el sitio donde la frustración hizo nido, pero también porque el FMLN así lo ha venido alentado elección tras elección al presentarse como el depositario de la reivindicación hacia el pasado dictatorial. ¿Hay otro modo, otro rostro, con el cual el FMLN pueda presentarse ante la ciudadanía sino éste, el de paladín? Y es que acaso también, ¿no es así como Funes lanzó su candidatura, como el periodista perseguido por las estructuras de poder, tanto que en una muy difundida entrevista en El Faro le cuestionaron por la atrevida aproximación que hizo de sí mismo con la Iglesia Católica perseguida y Monseñor Romero?

Hemos arribado al punto de contestar a la interrogante sobre una hipótesis de victoria para Funes y el FMLN. Desde el 2003, he venido advirtiendo la sin razón de que ARENA se convierta en el PRI salvadoreño del Siglo XXI en conexión con lo peor de la vocación  convenenciera y corporativista, compradora y vendedora de voluntades, de aquel PRI mexicano del Siglo XX. Pero a la vez, he puntualizado que simplificar las victorias de ARENA al manejo del miedo (en su más amplio espectro), al derroche de millones de dólares en propaganda electoral, era partir en falso. En 1988-1989, Roberto d’Aubuisson se hizo a un lado para que Cristiani en buena lid le arrebatara al PDC la presidencia, y nadie puede objetar las sucesivas victorias por fraude u otras perversidades institucionales.

En una carta que dirigí a El Faro hace un año, subrayé que Funes asentaría una falla de origen si se lanzaba a la candidatura sin antes haber construido el bloque electoral al que ya hice referencia y sin aproximarse sistemáticamente al medio millón o más de votantes independientes que nunca han votado por el FMLN y difícilmente lo harán debido a múltiples factores que no son tema central de mis líneas de ahora. Funes optó por asegurar un compromiso con la dirigencia del FMLN, obrando, bajo mi óptica, en dirección contraria a una hipótesis de victoria.

En segundo término, Funes se lanzó prematuramente. Apuró ese entendimiento con la cúpula del FMLN, descuidando otros aspectos de arquitectura, y se encumbró como el primero y único candidato presidencial. Una exposición adelantada en un entorno interno y externo del FMLN sumamente contradictorio como ya expliqué, y del cual Funes era consciente en su época de periodista, por tanto aceptó quedar sujeto prolongadamente a la comisión de errores, frivolidades, aclaraciones en duplicado agobiantes, de él y de dirigentes del FMLN. Cuando las encuestas lo catapultaron hasta 20 puntos por arriba de quien nominara ARENA, sus seguidores en los “blogs”, y los voceros del FMLN, lo coronaron como presidente. Sólo tenían un “Plan A” en el que lo extraordinario había sido transformado en una victoria de Ávila y de ARENA, porque la presidencia de Funes y del FMLN estaba ya acreditada.

En tercer término, la concepción del “cambio”. He leído y ha llegado a mis oídos la especie de una convergencia entre una victoria presidencial de Barack Obama en Estados Unidos y una de Funes aquí. Igualmente se han hecho otros paralelos fuera de borda. El significado del cambio es específico e irrepetible en cada esquina de la historia y del planeta. Lo cierto es que el color de la piel y el género (en caso Hillary Clinton hubiese sido la nominada presidencial por el Partido Demócrata) poseen un sentido propio en el Estados Unidos de hoy, distinto al que poseyeron durante la Guerra de Secesión de 1861 a 1985, o durante la lucha de derechos civiles encabezada entre otros por Alice Paul durante la Primera Guerra Mundial y la del asesinado Martin Luther King en los cincuentas-sesentas. Ya no se diga respecto a la alternancia en el Ejecutivo en El Salvador. Nada que ver.

Funes y el FMLN deben convencer a una sustantiva mayoría de salvadoreños de que su proyecto de cambio no desmerece, que es realista de cara a esta crisis energética y alimenticia. Una crisis que es terriblemente sazonada por el colapso financiero-monetario en las economías centrales -entre ellas Estados Unidos de donde provienen $4 mil millones de remesas para el país- que para algunos expertos es tan o más cruda que la de 1929, la cual provocó aquí una caída abrupta de las exportaciones de café preludio de la matanza campesina de 1932.

Igualmente, candidato y partido político deben superar los señalamientos cuya lista se amplía semana tras semana. Del choque primero con periodistas y dueños de medios de comunicación, luego con líderes de los gremios empresariales, ha pasado a la confrontación con la comunidad de entidades pro derechos humanos. Algo sumamente grave fue la respuesta expresada por Funes de que la derecha tiene en las Fuerzas Armadas a su último valladar para impedir su acceso al Ejecutivo, cuando los militares retirados marcharon por las calles y se reunieron con Ávila a renglón seguido de que un sector orgánico del FMLN reavivó públicamente la tesis de la disolución de las Fuerzas Armadas. Claro, las Fuerzas Armadas no pueden contestarle por ser constitucionalmente no deliberativas, precepto de la Carta Magna que fue ratificado por el Ministro de Defensa durante las festividades patrias. Uno se pregunta sobre el siguiente escenario de choque que abrirán Funes y el FMLN.   

Por supuesto que una hipótesis de victoria sigue vigente para Funes y el FMLN. Pero para los principales equívocos por lo general no parece haber reversa. Las rectificaciones impuntuales o contra reloj no suelen producir las reparaciones y las recuperaciones necesarias y urgentes. Aunque no lo hagan público, el peor posicionamiento de un candidato y su comando de campaña es no reconocer lo que dentro de las entrañas del mismo “proyecto de cambio” está mal y debe ser enmendado. Por eso el morbo enfocado sobre si Funes se abrazará con Chávez en las afueras de la Cumbre Iberoamericana, tras la gravísima y desproporcionada expulsión del embajador estadounidense y del relator de Human Rights Watch, el chileno José Miguel Vivanco (autor de un valiente informe sobre la matanza de los padres jesuitas de la UCA en 1989), porque esa imagen a estas alturas pudiera conllevar excesivos riesgos y asustar más que agradar entre los votantes independientes. A principios del 2006, cuando López Obrador explicaba que no conocía a ese señor apellidado Chávez, que ni sabía quien era, porque él estaba 100% volcado sobre México, el daño por apareamiento ya estaba hecho en un contexto bilateral tenso entre Vicente Fox y Chávez.

Consulta Mitofsky, hoy encuestadora del partido de López Obrador (paradójicamente fue la única que observó cifras de que el epílogo cerrado se rompería a favor del ahora presidente Calderón Hinojosa), se adelantó al resto de casas que realizan sondeos en El Salvador al señalar que Funes parecía en julio haber tocado techo, y que Ávila emitía signos sustanciales de revitalización, dibujándose gradualmente un escenario de segunda vuelta. En los dos últimos meses, LPG-Datos ha presentado dos sondeos que muestran la reducción de la brecha en torno a 4 puntos que configura esa segunda vuelta.

El retraso de Funes y el FMLN en presentar el pliego detallado y preciso de medidas a adoptar como gobierno, durante los primeros 100 días y los dos primeros años, por un lado, y las definiciones tácticas pendientes de ARENA, la más relevante la designación del candidato a vicepresidente, por el otro, se han conjugado a septiembre para hacer de las elecciones de enero un referéndum sobre la hipótesis de victoria presidencial. Si el FMLN pierde la capital, y no desbanca a los gobernantes en bastiones simbólicos como Santa Ana, San Miguel y Antiguo Cuscatlán, para citar los de primera línea, Funes y su partido aparecerán sin el aura de ganadores. Este mismo perfil exhibirán si no obtienen la mayoría de escaños legislativos, porque entonces la credibilidad de Funes, su destacada simpatía entre la ciudadanía, no habrá sido tal para impulsar al FMLN más allá de los niveles previos, quedando el parlamento a merced del PCN y PDC. Consiguientemente, las preferencias podrían retroceder y hacer el tránsito de la segunda vuelta menos incierto para Ávila y ARENA.

Como última observación, Funes está muy solitario. Salvo Alexander Segovia, intelectual y académico de estatura internacional, Funes no presenta más asesores que perfilen un gabinete de secretarios de Estado y que le hagan la “segunda” en trabajo de conjunto para comprender la agenda nacional y mundial. No sé si esto sucede por una mal entendida prudencia o porque simplemente no tiene a su lado más personajes de la talla de Segovia. Habla de documentos y recomendaciones de mesas de trabajo con profesionales y expertos, pero la irrupción de su inmediato círculo de estrechos colaboradores en todos los ramos de la administración pública sigue en puntos suspensivos, y esto también configura la hipótesis de victoria.

Funes y el FMLN atraviesan el episodio más crítico desde que sellaron su matrimonio. Oficialmente, la campaña electoral, de abierto pedido del voto, no comienza pero su proyecto viene de vuelta desde la cima entre marzo y mayo. Sin “Plan B”, deberán diseñarlo para reemprender la conquista de mentes y corazones en la etapa más dura del proceso electoral. Más errores de fondo, aún de estilo, complicarán su hipótesis de victoria. Es como en el fútbol, a propósito de la algarabía gracias a los resultados de la selección nacional. En juego normal, de 90 minutos, un descuido a la defensiva, entregar el balón al contrincante, no definir ante la meta adversaria, es fatal, y no hay explicación que valga tras los hechos consumados una vez el árbitro decreta la terminación del partido.

 
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