La existencia de grupos armados y violentos en el país no es ninguna novedad. Los altos índices de asesinatos y hechos delictivos dan fe de ello. Lo que sí sería novedoso y sobre todo preocupante sería la existencia de grupos armados con orientación política; es decir, grupos que opten por el uso de la violencia con miras a tomar el poder o al menos incidir por la vía de las armas en el curso de la política nacional.
En tal sentido, la reciente denuncia por parte de las autoridades de seguridad e inteligencia nacional sobre la supuesta existencia de 40 grupos armados ilegales, debería ser tomada muy en serio por los diferentes sectores de la sociedad salvadoreña. Sin embargo, las circunstancias, la forma y el sucio uso político que la derecha ha hecho de esa denuncia le quitan seriedad y credibilidad.
El momento escogido por las autoridades para hacer la denuncia no es el más adecuado. El país se encuentra inmerso en una campaña electoral que está entrando en su recta final, con señales de que la derecha corre con desventaja en la contienda. Existen repetidos ejemplos de que cada vez que el país está en elecciones la derecha recurre a los fantasmas del pasado para restar votos a la izquierda mediante el recurso del miedo. Entonces la pregunta lógica es ¿por qué si la inteligencia del Estado ha investigado por dos años a estos grupos, no los denunció antes?, ¿por qué no han procedido a su neutralización y captura?
Este punto conduce a otro igualmente importante. ¿Qué sentido tiene hacer una presentación pública en la cual se habla de la ubicación territorial de tales grupos? La lógica más elemental indica que de ser cierta la existencia de tales agrupaciones, informar públicamente sobre ellos conlleva fatalmente el riesgo de que abandonen sus ubicaciones. Ninguna autoridad que realmente quiera capturar a un delincuente anuncia públicamente que lo tiene ubicado.
Tal manera de proceder sólo tendría sentido si lo que se busca no es la captura y desarticulación de tales grupos, si no sólo alertar a la población. Ahora bien, ¿alertarla para qué?, ¿Para que esté atenta y proceda a denunciar a dichos individuos en caso de verlos? Difícilmente, al parecer esos grupos (si existen) se mueven en territorios poco poblados y no es probable que si un campesino los ve corra a un puesto de la PNC a presentar la denuncia.
Luego hay que considerar la asociación inmediata que se hace entre tales grupos y el FMLN. ¿Existe realmente una asociación entre los supuestos grupos armados ilegales y el acto público realizado en una comunidad de El Paisnal?, ¿O allí simplemente se coló el demonio ideológico que tan fácil hace presa del ministro de Seguridad? Feliz coincidencia: la inteligencia del Estado investiga un caso por años, y el ministro de Seguridad lo hace público asociándolo a un acto conmemorativo de una comunidad de simpatizantes del FMLN.
Actividades de ese tipo no son extrañas en las comunidades y repoblaciones que fueron base social del FMLN. Cualquiera que haya estado en Chalatenango, San Vicente o Morazán durante una conmemoración puede haber presenciado “teatrillos” sobre las “guindas”, masacres, operativos militares, repoblaciones, y por supuesto formaciones guerrilleras. En términos generales, puede decirse que no son más que juegos de “memoria”, un poco al estilo de lo que hace ARENA cuando escoge iniciar sus campañas electorales en Izalco, lugar símbolo de los trágicos hechos de 1932, o cuando conmemora el natalicio y la muerte de Roberto D’Abuisson.
Obviamente esos juegos de memoria tienen significados políticos. Establecen y recrean vínculos emotivos en los participantes, y renuevan una visión de mundo compartida; son generadores de cohesión e identidad. Cualquier antropólogo puede dar fe de ello. Pero de allí a pasar a la organización de grupos armados y regresar a la guerra hay una distancia enorme. Tan absurdo es suponer que ARENA piensa repetir una matanza como la de 1932 porque conmemora ese hecho en Izalco, como decir que porque militantes y pobladores de comunidades históricamente ligadas al FMLN conmemoran hechos del pasado reciente, están pensando en volver a las armas y a tomar el poder por la vía de la violencia.
Lo anterior no exime de responsabilidad a los dirigentes del FMLN que participaron en la mencionada formación militar en El Paisnal. A veces pareciera que algunos de ellos se prestan a darle argumentos a la derecha para que ataque a su partido. Es claro que para la derecha cualquier hecho que permita asociar al FMLN con algo negativo es bienvenido, lo menos que un dirigente del Frente debería hacer es valorar cada acción que realiza y ver si esta favorece al partido o le puede causar problemas.
Personalmente no estoy de acuerdo con que niños participen en ningún acto que tenga algo que ver con violencia, por lo tanto, en principio estoy de acuerdo con las diputadas de ARENA que denunciaron al FMLN por el hecho apuntado, a condición de que con la misma vehemencia y prontitud denuncien las sensibles señoras las infames condiciones de vida de tantos niños que deambulan por las calles de San Salvador mendigando y sumidos en el vicio de las drogas. Hecho este último que es una realidad irrefutable y no simple posibilidad como lo que plantea el caso de El Paisnal.
En conclusión, todo parece apuntar a que la tan publicitada denuncia sobre los grupos armados es solo un capítulo más de la campaña electoral. Si no es así, el Ejecutivo, la inteligencia del Estado y las autoridades de seguridad pública deben pasar de una simple y cuestionable denuncia a la presentación de pruebas y a la captura de los implicados, con mayor razón si estos resultan vinculados a un partido político. Por el contrario, si las autoridades encargadas no van más allá, quedará clara otra vinculación, esta vez si evidente: la que existe entre este tipo de señalamientos con la campaña sucia que desarrolla “Fuerza Solidaria”, sin que ninguno de los candidatos de ARENA, o el TSE hagan algo al respecto.
|