OPINION
Las últimas preguntas
Por Napoleón Campos
cartas@elfaro.net

El presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, advirtió que la situación económica empeorará antes de empezar a mejorar. “Tenemos un gran problema, y va a empeorar”, ha dicho en Chicago, Illinois, desde donde se proyectó hasta la Casa Blanca.

Obama aseguró que E.U.A. se encuentra sumido en la mayor crisis desde la Gran Depresión de 1929-1930 (que en verdad se prolongó hasta 1934; es más algunos historiadores creen que aún bajo sus efectos el mundo entró en 1939 a la Segunda Guerra Mundial), y que por tanto necesita un plan de rescate “a la altura del desafío que tenemos por delante”. El plan estará enfocado sobre  infraestructuras pero en igual relevancia las energías renovables y el sector tecnológico (como muestra de su firmeza, Obama ha nombrado en el puesto de Secretario de Energía a Steven Chu, hijo de inmigrantes chinos, ganador del Premio Nóbel de Física de 1997. Chu es un prominente investigador de energías limpias y alternativas a los combustibles fósiles, y luchador contra el cambio climático).

Obama cerró así: “Estoy absolutamente seguro de que, si tomamos los pasos correctos en los próximos meses, no sólo devolveremos a la economía a la senda correcta, sino que saldremos más fuertes, competitivos y prósperos”.

Estas son las fronteras de la competencia presidencial de El Salvador. Si este es el tenor de Obama, el presidente 2009-2013 de la primera economía del mundo, de la primera potencia político-militar, me pregunto entonces: ¿Ávila y Funes pueden advertirnos que, a nosotros, que tenemos más de 2 millones de compatriotas trabajando en E.U.A., que exportamos hacia allá el mayor porcentaje de nuestras mercancías, por el contrario no nos irá peor el 2009 que ahora? ¿Serán  francos y honestos en reconocer ante la nación que uno de los dos será investido mientras el mundo entero no tiene la certeza de cuándo la crisis tocará fondo, y si la recesión se precipita a depresión?

El Banco Mundial publicó, en este mismo mes de diciembre, su edición anual de las “Perspectivas Económicas Mundiales”. La frase clave es que la economía mundial está en una “encrucijada”. Los mercados de todo el mundo están inmersos en una crisis económica general. Incluso, “luego de varios años de incremento, los mercados de productos básicos también han llegado al final de un ciclo”. La perspectiva de que millones de familias no tengan ingresos suficientes para comprar alimentos ya no es futuro sino tiempo presente y esto ocurre a pesar de que la demanda de alimentos se desacelera debido al menor crecimiento de la población en todos los continentes, excepto África, y que el planeta entero se anota cosechas record en todos los cultivos básicos. No es por falta de alimentos que hay hambre, se debe a la falta de ingresos.

El Banco Mundial predice que el barril del petróleo podría estabilizarse en algún momento del 2009 hacia los US $75, es decir, se recuperaría en un 50 % o más respecto a los precios en torno a los US $40-45 de mediados de diciembre de 2008, que han representado para nuestros bolsillos un alivio efímero, pero alivio al fin. Esta previsión podría cumplirse gracias al recorte de más de 2 millones de barriles diarios que la OPEP ha decidido sobre la producción de sus miembros, que en conjunto representa el 40 % de la producción mundial. Un recorte que según los especialistas ha sido el más drástico de toda la historia de la OPEP fundada en 1960.

Tres países más y Rusia se han sumado al recorte, sin ser miembros de la OPEP. Rusia es un peso pesado, el segundo productor mundial casi empatado con Arabia Saudita. Con estas adiciones solidarias a la OPEP, el recorte es de más de 3 millones de barriles diarios. Sin embargo, la primera reacción de los mercados ha sido acentuando la baja en el precio pues menos petróleo en el mercado mundial, en plena recesión, reforzará la menor demanda. ¿Un boomerang para la OPEP misma? Tal vez. Cuando escribo estas líneas, el 18 de diciembre, el precio del barril en Nueva York ha caído a US $36, paridad que no se registraba desde junio de 2004.

Pero detengámonos en algunas de las aterradoras cifras ofrecidas por el Banco Mundial. Los países en desarrollo que somos consumidores e importadores de alimentos y combustibles fósiles, habríamos transferido durante el largo lapso de altos precios US $680 mil millones a los países productores. Repito, este consolidado se refiere únicamente a los países en desarrollo.

La rebanada del pastel que ha ido a parar a ese cártel vampiro de la OPEP, dominado por los árabes y Venezuela, y a las trasnacionales compradoras directas de crudo y vendedoras de combustibles refinados, los presenta como los principales ganadores de la crisis, hasta mediados de este 2008. Triste diploma. Todo mecanismo de aparente cooperación petrolera, peor si deja cuentas por cobrar, constituye una radical hipocresía en la política internacional. Execrable dinámica si esas ganancias multimillonarias no las han invertido en el desarrollo humano de sus pueblos y, en su contrario, las despilfarran interna y externamente. El Iraq de Saddam Hussein fue el retrato exacto y a la vez extremo de esta última descripción.

En relación con los alimentos importados, tajadas a diferente escala han sido engullidas por intermediarios, como aquí ha denunciado la Defensoría del Consumidor ante la Fiscalía para el caso del frijol que recorre un abanico de delitos del Código Penal que van desde “Estafa Agravada” (Art. 216) hasta “Acaparamiento” y “Venta a Precio Superior” (Arts. 233 y 234). Si hay condenas para acaparadores y coyotes criollos, como confiamos suceda, ¿cómo se reparará el bienestar arrebatado a las familias que pagaron más de un dólar por libra de frijol durante meses? ¿Inventarán un mecanismo para devolvernos lo sustraído? ¿Podrán nuestras autoridades prevenir nuevos delitos pues la crisis será crónica? ¿Actuarán celosas durante el futuro invierno como escudo real del consumidor, mientras se esperan las nuevas cosechas de frijol nacional?

De estos contrastes, viajo a Cutuco, en el ánimo de que no se convierta en un contraste más. Fui miembro de una mesa del Plan de Nación de la Comisión Nacional de Desarrollo, escenario intelectual de donde emergió, entre otros horizontes, la reactivación de Cutuco. Durante los debates abiertos, expresé mis reservas a priorizar inversiones en Cutuco en desmedro de Acajutla. Una nación no desdeña un puerto marítimo como si fuera un desperdicio que se lanza a la basura. Rotterdam fue bombardeado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Los nazis buscaron la preeminencia de Hamburgo. Bajo el Plan Marshall, el pueblo holandés no decidió construir o reactivar otro puerto-ciudad, decidieron reconstruir Rotterdam. Comieron salteado. Trabajaron duro. Sí. Lo lograron pronto. En el Siglo XXI, Rotterdam es el tercer puerto más grande del mundo en términos del volumen de carga, y el primero de Europa y de todo el Hemisferio Occidental.

La Unión vivió su esplendor durante la colonia y un poco más en la era independiente. No olvidemos que las Provincias Unidas de Centroamérica nacieron endeudadas con Londres. El cónsul británico que arribó a nuestra región en 1833, Frederick Chatfield, que se mantuvo hasta 1852, aseguró la recuperación de los préstamos morosos imponiendo bloqueos sobre La Unión, con la Marina Real al servicio de Su Majestad. Así está registrado en la historiografía. En virtud de la hipótesis de guerra con Honduras, la dictadura militar optó en los años cincuenta por modernizar Acajutla, sin embargo en la Guerra de las Cien Horas la aviación catracha penetró nuestro espacio aéreo y bombardeó Acajutla.

Bajo el Plan de Nación, Japón encontró un proyecto fundamentado y robusto que articuló cooperación y conectividad, la audacia y la amistad del entonces Embajador Akio Hosono hizo el complemento. La inversión ronda los US $161 millones. A la fecha, tres años y medio de trabajo. Sin embargo, se cierra el 2008 sin un decreto de ley sobre Cutuco. Se lee en la página web de CEPA:

“Muy pocos puertos en la costa pacífica tienen las características que posee La Unión, lo que vuelve muy atractivo para que las compañías navieras lo consideren como un Hub de carga regional y desde ahí distribuirla hacia toda Centroamérica, la Costa Este de Estados Unidos, Asia y Europa”

Sí y no. La Unión tiene buenas notas esenciales, pero sin un visionario decreto de ley se puede convertir en un cascarón sin un flujo sustantivo y sostenido de mercancías que transportar y distribuir. La competencia, más que durísima, es una frontera real. El presidente de Panamá, Martín Torrijos, quien sacó adelante un referéndum sobre la ampliación del Canal, suscribió hace dos semanas un paquete crediticio por US $ 2,300 millones en las condiciones muy blandas de cara a la crisis que se vive. Los amigos japoneses aportan US $800 millones, el Banco Europeo de Inversiones 500, el BID 400, el Banco Mundial 300 y la Corporación Andina de Fomento otros 300.

¿Cómo se interpretan estas inversiones? Pues que el Canal fue, es y será un ancla de derrama económica, a la vez que un negocio redondo, para Panamá, y sus vecinos y socios más cercanos. Sirva de ilustración la licitación ganada por la Constructora MECO de Costa Rica del tercer contrato de excavación seca, por un valor de US $37 millones. Claro, Costa Rica es miembro de la Corporación Andina de Fomento, al igual que Panamá.

Torrijos lo sintetizó así: “En medio de la turbulencia de los mercados, la ampliación del Canal se yergue como un proyecto emblemático de nuestra región, y la banca internacional ha mantenido la confianza en el país por la forma como maneja sus finanzas y administra la vía".

La obra total del Canal costará US $5,200 millones. Los fondos restantes saldrán de las ganancias de la propia vía interoceánica. Para 2014, el Canal habrá duplicado su capacidad actual de transporte de carga, de 300 a 600 millones de toneladas anuales, al tiempo que permitirá el paso de buques más grandes. El nuevo puerto de La Unión nace con la capacidad de atraque de esa clase de buques conocidos como “Post Panamax” –llamados así porque no pueden cruzar el Canal- que movilizan hasta 6500 contenedores de 20 pies.

Hacia el norte del continente, el tope de competitividad para El Salvador se detiene en los puertos de Los Angeles y Long Beach, California. Pero México tiene su apuesta magistral, justificada para descongestionar a esos puertos: Punta Colonet en la Península de Baja California, próxima a la frontera con E.U.A. Punta Colonet se conectará por medio de un tren de alta tecnología con las principales aduanas del suroeste de E.U.A. Punta Colonet podría eclipsar los otros dos grandes puertos mexicanos del Pacífico: Manzanillo, en Colima, y Lázaro Cárdenas, en Michoacán. Punta Colonet será realidad tras una inversión de US $5 mil millones: 1,800 millones corresponderían al enlace ferroviario, la porción mayoritaria al complejo de contenedores que a su vez comprende un aeropuerto. Podría entrar en operaciones el 2016, es decir, cuando el/la sucesor/a de Ávila o Funes lleve dos años de presidente. En estos desarrollos estratégicos, el año 2016 es pasado mañana.

¿Cómo encontrará a El Salvador el final de la turbulencia global? Cuando concluyó la depresión de hace 80 años, El Salvador había sufrido: un Golpe de Estado; un dictador (Maximiliano Hernández Martínez) simpatizante del fascismo italiano, el nazismo y el rearme japonés; la matanza de miles de indígenas y campesinos; Farabundo Martí fusilado; cientos de familias en hambruna; decenas de exiliados; un país marginado internacionalmente.

¿Se convertirá Obama en el gran estadista que sabrá conducir a su nación, y a sus aliados grandes y chicos (como nosotros), más allá de la crisis? A sazón del refrán, “a grandes males, grandes remedios”, ¿conciliará economía y energía en un proceso que frene la degradación ambiental y el cambio climático global? ¿Habrá paz y democracia en Iraq? ¿Serán neutralizados bajo su administración: el crimen trasnacional organizado, del que ya forman parte las maras salvatruchas, y el terrorismo internacional? ¿Atestiguaremos la captura de Osama bin Laden y sus lugartenientes que se movilizan en la frontera entre Pakistán y Afganistán?

¿Cómo nos encontrará ese momento en el cual se tenga que pagar US $200 por un barril de petróleo, como lo sueñan los países de la OPEP? ¿Cómo nos encontrará la conclusión de las obras de ampliación del Canal de Panamá cuando los buques “Post Panamax” dejen de serlo, porque podrán atravesarlo libremente? ¿Cómo nos encontrará la inauguración de Punta Colonet?

¿El nuevo puerto de La Unión será el 2016 una lucecilla en el firmamento de los puertos de la Cuenca del Pacífico, pero lucecilla al final de cuentas? ¿Habrán cumplido en el ínterin su tarea el presidente Ávila o el presidente Funes? Quien de los dos sea elegido, ¿nos heredará un peor o un mejor país? ¿Seremos los salvadoreños y las salvadoreñas el 2014 menos infelices de lo que somos al término del 2008? ¿Clasificará nuestra selección de fútbol a las copas mundiales de Sudáfrica (2010) y Brasil (2014)?

Con estas interrogantes me despido de la colaboración quincenal. Mis asignaciones de trabajo para el año venidero me impiden mantener este ritmo de reflexiones a propósito de las elecciones. Regreso a mi condición de colaborador eventual. Agradezco a mis amigos de El Faro su generosidad en ofrecerme este espacio frecuente de opinión.

 
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