Cuando hace algunos meses Mauricio Funes declaró públicamente que su enemigo no era el partido ARENA sino los medios de comunicación, cometió un grave error. Ese desafortunado mensaje fue equivocado no sólo por las riesgosas implicaciones políticas en su relación con el denominado “cuarto poder”, sino porque su enemigo, en realidad, es el FMLN.
Cuando Rodrigo Ávila y sus voceros de campaña arremeten contra el FMLN y lo califican como el enemigo a vencer, también están equivocados. Los enemigos de Rodrigo nos son el Frente, ni Chávez, ni ALBAPETROLEOS; su principal enemigo es ARENA.
El candidato de la izquierda ha tenido que dedicar una importante cantidad de tiempo y energía para mantener vigente su acuerdo político con el partido que lo postula. Se ha visto forzado una y otra vez a salir públicamente defiendo sus planteamientos ante los dirigentes del Frente. Sistemáticamente se ha visto a un Mauricio “espadeando” contra los poderes formales y los poderes fácticos de la izquierda para hacer prevalecer sus decisiones. Si las contradicciones que se han ventilado públicamente representan solo una pequeña parte de las diferencias que en realidad existen, es fácil imaginar el tamaño del problema en el que el ex periodista está metido.
El candidato de la derecha está en una situación similar. Su candidatura no termina de cuajar principalmente porque su partido no se lo permite. El ex director de la PNC arrastra los costos de su cuestionada nominación, y en su intento por sanar las heridas, está abriendo otras todavía más profundas. Los tira y encoge para completar la fórmula presidencial y el hecho de que a pocos meses del evento electoral todavía no se haya presentado un Programa de Gobierno, son evidencia de que algo anda mal entre el candidato y su partido. Si a esto se le agrega su desventaja en la preferencia de los votantes, ¡¡vaya lío el de Rodrigo !!
El caso del FMLN, si bien no es nuevo, es muy particular. Las contradicciones internas de este instituto político han sido el menú principal en cada uno de los eventos electorales en los que ha participado; y en todos los casos anteriores – sin excepción - la solución fue la misma: purgas y expulsión. Pero hoy el Frente debe aprender nuevas formas de dirimir sus conflictos, puesto que expulsar al candidato no es una opción viable. Si estas diferencias sirven para que la izquierda salvadoreña se vuelva más tolerante y privilegie el diálogo sobre la descalificación, el país habrá ganado independientemente del resultado de la elección.
El caso de ARENA es todavía más complejo. La derecha siempre ha mostrado una gran capacidad para dirimir los conflictos internos en la intimidad de sus paredes tricolor. Pero hoy todo parece indicar que esas diferencias se han desbordado y que – al igual que su contendiente – ARENA tendrá que innovar la forma en que construye sus acuerdos internos y administra sus grupos de poder. Si esto se traduce en una derecha más abierta y transparente, el país habrá ganado independientemente de que ARENA gane o pierda la elección.
Estamos concurriendo a una elección presidencial sin precedentes en la historia democrática del país, no sólo por lo reñido de la competencia, si no porque por primera vez los candidatos con opción real a convertirse en presidentes están, ambos, más solos que nunca. Es cada vez más claro que no hay armonía entre los partidos y los aspirantes a la silla presidencial. En esta larga carrera hacia marzo del 2009, parece que Mauricio y Rodrigo caminan solos mientras duermen con el enemigo. |