OPINION / DESDE LA ACDEMIA
¿Alianza (Republicana Nacionalista)
por el cambio?
Por Ricardo Ribera
cartas@elfaro.net

La oficialización de la candidatura del Ing. Arturo Zablah para la Vicepresidencia de la República por parte de ARENA, tras meses de insistentes rumores en este sentido, no causa mayor sorpresa ni consigue el golpe de efecto que necesitaba la alicaída campaña del Ing. Rodrigo Ávila. Puede traerle algún oxígeno y aportar algo positivo, pero también le acumula dificultades y problemas en la complicada contienda electoral que enfrenta el partido oficial.

No resulta muy convincente la supuesta trayectoria opositora y crítica de Zablah. Hace alrededor de un año, en una columna en este mismo periódico (Arrancó la contienda), interpretaba yo que “el FMLN descifró la maniobra del caballo de Troya” que suponía el ofrecimiento de dicho empresario. Comentaba yo para aquél entonces que a Zablah “lo delató el coro de elogios de los de siempre” que, al menos, “para algo sirven: para alertarnos de cuáles son las jugadas en las que el poder tiene algún interés”.

De hecho, ¿por qué habría de pensarse que un empresario que ya ha sido ministro y funcionario en dos gobiernos anteriores no es simplemente otro personaje más de la derecha de este país? El FDR no lo consideró así, pero ahora el compromiso asumido por quien había sido su propia apuesta electoral lo deja en evidencia. Mantener su apoyo a Zablah lo desenmascara como derecha y anula sus esfuerzos por perfilarse como “izquierda inteligente”, como “tercera vía” o como fuerza del centro político. Ha sido lógica la rápida reacción de CD desmarcándose de esta postura, deshaciendo la coalición en marcha con FDR y reivindicándose en el centro-izquierda, ubicación que reclama para sí.

Es decir, la candidatura de Zablah ha logrado, ya de entrada y por el momento, dividir a una parte de los competidores. No ha sido una mala decisión, electoralmente hablando, la que ha tomado ARENA. En una columna anterior (La importancia de la fórmula electoral) yo razonaba que al partido oficial una candidatura “de afuera” le convenía para complementar al candidato “de la casa” y equilibrar así la fórmula. Para no quedarse reducido al “voto duro” y salir a la búsqueda del “voto indeciso” antes de que éste resulte definitivamente seducido por Mauricio Funes. La cuestión que cabe preguntarse es si el Ing. Arturo Zablah es el personaje idóneo para lograr tal objetivo y si no dividirá más al partido.

El problema es que Zablah no llega solo: trae su propio plan de gobierno bajo el brazo. Su propuesta de “Alianza por el cambio” resultaba coherente con su planteamiento anterior de que la meta prioritaria era “sacar a ARENA del gobierno”. Se enfatizaban ahí cosas como el regreso del colón o la oposición a privatizaciones y concesiones, como en el caso de los puertos, que difícilmente van a ser asumidas por el partido oficial. De hecho, en las primeras entrevistas el ahora candidato arenero ya se ha desdicho de varias de sus reivindicaciones anteriores. ¿Cómo conciliar el proyecto de “gobierno ciudadano” y “país más justo” de Ávila con los perfiles de la “alianza por el cambio”? Si estos últimos desaparecen con ellos desaparecerá también bastante de la credibilidad del propio Zablah y de su aporte a una imagen renovada de ARENA.

Otra contradicción de difícil solución será conjugar el estilo de respeto y moderación que exhibe Zablah con la actitud ideológica y confrontativa de que han hecho gala hasta ahora en la campaña arenera. Fuera muy deseable, pero resulta improbable, que ésta diera un giro a formas civilizadas y democráticas de competencia eleccionaria. Por el momento, al contrario, se han acumulado los hechos que lesionan gravemente, no sólo la limpieza de la batalla política, sino incluso la legalidad y la norma constitucional.

No será fácil rectificar después que el Presidente de la República en el último ENADE hiciera un llamado a los empresarios para que influyan en el voto de sus empleados. O tras las palabras de la canciller pidiendo a Estados Unidos su injerencia “para evitar perder El Salvador”. O la arenga del propio candidato arenero en un acto de veteranos de guerra del ejército sugiriendo que éste ha de seguir siendo “la barrera” que ha impedido a “los comunistas” llegar al poder.

¿Abrazará ahora ARENA las ideas y el estilo de la “Alianza por el cambio” o, inversamente, su propulsor y ahora candidato para la vicepresidencia abrazará el ideario arenero, se pondrá el chaleco tricolor y cantará el sectario himno donde se grita que “libertad se escribe con sangre”, que el país “será la tumba donde los rojos terminarán” y que con ello “se salvará” América? ¿Cómo hacer compatibles ambas líneas políticas? El Ing. Zablah puede, como pide el presidente Saca, “sumar” para el partido oficial, pero no va a poder hacerlo sin fatalmente “restar” e incluso “dividir”. Es la complicada aritmética que se desvelará próximamente.

También en Estados Unidos las malas perspectivas electorales de la derecha conservadora la han inducido a radicalizar de manera insólita su discurso. También allí la contienda electoral entre McCain y Obama se ha querido presentar como la lucha entre “la libertad” y “el socialismo”. También ahí los ataques a la persona han sustituido a la batalla de las ideas. Con escasos resultados...

El candidato republicano va atrás en todas las encuestas, cada vez más rezagado. Según las últimas, la distancia es ya de 9% y faltan sólo tres semanas para la elección. En El Salvador el candidato republicano nacionalista sigue muy rezagado, un 15.5% según el último sondeo,  aunque todavía faltan unos cinco meses. Ambas campañas republicanas utilizan el discurso del cambio, en los dos países, pero a juzgar por las encuestas la gente ve continuismo en ellos y adjudica a Barack Obama y a Mauricio Funes la esperanza real de cambio.

En Estados Unidos y en El Salvador las últimas encuestas revelan un dato muy similar. Un 81% de los consultados por el New York Times y CBS piensan que su país va en la mala dirección y que hay que cambiar. En el nuestro, el último estudio de opinión del IUDOP de la UCA señala que un 81.3% de la población dice que se necesita un cambio de rumbo.

Un último paralelismo, preocupante: en Estados Unidos muchos opinan que habrá alternancia y que va a ganar la oposición, a no ser que a Obama le hagan fraude o lo maten antes de asumir. La misma inquietud se está empezando a extender en nuestro país. La no concordancia entre los datos del último censo y del padrón electoral – la diferencia es nada menos que 800 mil –  da pie a especulaciones y serias dudas. Urgen mecanismos de observación internacional y nacional. Urge un tono de menor crispación en la propaganda y en los discursos. Urgen una adecuada seguridad del candidato opositor y señales claras de la comunidad internacional de rechazo de cualquier maniobra contraria a la democracia y al respeto irrestricto a la soberana voluntad del pueblo.

 

 
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